Vida y energía en los alimentos

¿Tiene vida lo que comemos? 

Ya sabemos que somos energía y que lo que comemos también tiene la suya propia. ¿Qué energía tienen los alimentos que comemos, que posteriormente pasará a formar parte de la nuestra?

Ya se ha descubierto científicamente que tanto los animales como los seres humanos, cuando estamos en estados de estrés, nerviosismo, tensión o miedo, segregamos ciertas sustancias, entre ellas algunas hormonas, y que esto tiene efectos físicos en nuestro cuerpo.

Un animal sometido durante la mayor parte de su vida a confinamiento, condiciones estresantes e incluso violencia, y a tensión, miedo y sufrimiento en los momentos anteriores a su muerte, segrega  sustancias y hormonas perjudiciales que van a quedar en su cuerpo y en la carne que luego consumimos​. Existen estudios que relacionan el consumo de carne con el miedo.

¿Qué energía nos aportará un trozo de carne de un animal muerto y sometido a estas condiciones de sufrimiento, miedo y estrés? ¿Cómo podemos pretender que un alimento que procede del sufrimiento, el miedo y la muerte, nos aporte salud, vida y energía de alta vibración? (el miedo es una energía de baja vibración, y la alegría y la paz, por ejemplo, son energías de alta vibración). Según afirmó el escritor alemán Volker Elis Pilgrim: "La carne que comemos es un cadáver que por lo menos tiene de dos a cinco días".

​Otros alimentos cuya energía ha sido transformada en energía de baja vibración, son los alimentos procesados y refinados, perdiendo gran cantidad de sus propiedades nutritivas en el proceso y volviéndose peligrosas para nuestro cuerpo y nuestra energía.

También podemos mermar la capacidad nutritiva de los alimentos vegetales cuando los cocinamos. Aunque hay alimentos, como los cereales, legumbres y tubérculos, que necesitan ser bien cocinados para facilitar su digestión (esto es debido, según la opinión de algunos expertos, a que estos alimentos no son naturales del ser humano, aunque podamos comerlos)​, otros alimentos como las frutas, hortalizas, semillas y frutos secos, pierden cantidades importantes de algunas sustancias beneficiosas y necesarias como vitaminas, minerales, antioxidantes... al ser calentados y cocinados. Existen algunas sustancias que se estropean con el calor, como son los ácidos grasos esenciales omega 3 y 6 y la vitamina C, otras que se quedan en el agua de cocción al ser solubles en agua, como es el caso de la vitamina B1, B2, B12 o el potasio, y otras que se pierden en la cocción, como el ácido fólico. Parece ser que existe algún método para suavizar estas pérdidas, modificando la acidez del medio de cocción, pero desconozco cómo se hace. 

Según un estudio español publicado en elmundo.es en 2009, el potencial nutricional de los alimentos se puede reducir considerablemente (hasta más de un 50%) cuando los hervimos, freímos, calentamos y congelamos. Aunque, según los resultados de este estudio, algunos como la alcachofa, la remolacha, las judías verdes y el ajo, mantienen la mayoría de los antioxidantes después de las diferentes formas de cocinado. También encontraron otros alimentos que aumentaron su capacidad antioxidante en casi todas las formas de cocinado, como el apio (salvo si se le somete a ebullición), los espárragos al hervirse y las berenjenas al freírse. La conclusión de esta investigación fue que "en general el calor afecta de forma negativa a estos productos, pero el resultado final depende del tiempo y de con qué más se cocina el alimento, ya que otros compuestos pueden interactuar o tener un efecto sinérgico".

Para los investigadores, hervir los alimentos es el método que mayores pérdidas de antioxidantes y otros nutrientes ocasiona, y cocinar a la plancha, en microondas o al horno, serían los más recomendables, aunque depende del tipo de alimento, y recomiendan, además, añadir a nuestra alimentación frutas y hortalizas en crudo. El deterioro, según afirman, puede llegar al 100% en el caso de los alimentos enlatados y envasados en cristal, ya que en el proceso se suelen calentar a altas temperaturas durante horas, y hasta el 30% en el caso de los alimentos congelados.

A la mayoría de nosotros nos gustan los alimentos fritos y cocinados, y los comemos habitualmente, aunque en el proceso pierdan muchos de sus nutrientes y en algunos casos se vuelvan tóxicos (como es el caso de los aceites vegetales expuestos a altas temperaturas), por lo que creo que sería beneficioso añadir algunos alimentos vegetales en crudo tal y como los encontramos en la naturaleza, para aprovechar todas sus propiedades y sustancias beneficiosas, que nos aportan vida y energía de alta vibración.

​Los alimentos vegetales en crudo contienen una gran cantidad de antioxidantes, lo que podemos observar por sus llamativos colores, que se van perdiendo en el cocinado y procesado de los alimentos. Si observamos un alimento vegetal cocinado y otro en crudo, la diferencia salta a la vista. La apariencia de los alimentos nos dice mucho de ellos. Cuando observamos los alimentos vegetales, como una manzana, una naranja o un plátano, ¿sus colores están apagados y sin vida, o son alegres y llamativos?

No es casualidad que muchos de los productos alimenticios que venden, contengan colorantes (muchos de ellos sintéticos) para darles un aspecto más llamativo y apetecible, como pasa en muchos dulces, chucherías, refrescos, pasteles, tartas, zumos, y también en el recubrimiento de algunos medicamentos y complejos vitamínicos.

Añade color, vida y energía de alta vibración en tus platos con alimentos vegetales frescos:

  • Hortalizas frescas, mejor de temporada, orgánicas y de proximidad. Tomar una parte de ellas en crudo, para preservar sus beneficios y nutrientes. También se pueden hacer al vapor durante un tiempo de entre 3 y 5 minutos para aprovechar la mayor parte de sus propiedades beneficiosas.
  • Frutas orgánicas. Con mayor contenido en vitaminas, antioxidantes y minerales que las procedentes de la agricultura convencional.
  • Frutos secos, en crudo, sin sustancias añadidas como la sal o azúcares refinados. En la piel es donde se concentran gran cantidad de antioxidantes por lo que te recomendamos tomarlos con piel.​
  • Brotes Germinados. Se pueden germinar multitud de semillas y granos: legumbres, cereales, frutos secos... Mejor germinar en casa por razones de salubridad y para tener la seguridad de que las condiciones en el proceso son las adecuadas. No se deben calentar. Tomar en crudo para aprovechar​ sus beneficiosas propiedades. Hay que tener en cuenta que algunas semillas germinadas no son adecuadas para el consumo porque generan cierta toxicidad al germinar, como es el caso de las patatas, los tomates o las judías negras. Sin embargo, hay otras muchas que sí puedes germinar y beneficiarte de sus enormes propiedades, como las lentejas, el brócoli, el trébol rojo, la quinoa... No te recomendamos comprar los germinados en los supermercados ya que no serán tan frescos y pueden llevar otras sustancias para alargar el tiempo de conservación. Puedes hacer tus germinados en casa, es muy fácil y en unos días puedes tenerlos listos para consumir. Están llenos de vida y energía que incorporarás a la tuya propia al comerlos. Más abajo te dejamos un vídeo con información sobre los germinados y sobre cómo producirlos.
  • Alimentos vegetales fermentados. Como el chucrut (col blanca), que te aportarán gran cantidad de bacterias beneficiosas y necesarias para tu sistema digestivo y tu sistema inmunológico. Te recomendamos fermentar tus alimentos en casa, ya que los que venden en los supermercados suelen haber sido pasteurizados y han perdido buena parte de sus beneficios. Tu salud intestinal y los montones de bacterias que tienes ahí dentro están muy relacionados con tu salud.

  • diciembre 17, 2015
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