¿Por qué engordamos y las dietas no funcionan?


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      Según algunas estadísticas, la mayor parte de las personas que siguen dietas las abandonan al poco de empezar, recuperando su antiguo peso e incluso engordando aun más con el paso del tiempo.

Las dietas milagrosas

Desde hace décadas se han puesto de moda cierto tipo de  dietas “milagrosas”, que se han extendido y popularizado enormemente, provocando gran confusión y sufrimiento. Las más  populares son las dietas sin grasas o bajas en grasas, y las dietas sin carbohidratos o bajas en carbohidratos.

A partir de la revolución industrial, y con el aumento de los locales de comida rápida y del consumo de productos de procedencia animal, la población empezó a engordar y a padecer problemas derivados de una mala alimentación, como son: enfermedades del corazón, hipertensión, osteoporosis, niveles de colesterol alto en sangre, sobrepeso, obesidad… pero estas poderosas industrias, en lugar de reconocer la relación que existe entre estos problemas de salud y sus productos, como ya lo estaban revelando multitud de estudios científicos, lo que hicieron fue extender la creencia de que el verdadero problema está en las grasas (en las saturadas), o en los carbohidratos, y que la solución está en comer menos cantidad de los alimentos que contengan estas sustancias. Esto es un gran error, ya que algunos tipos de grasas y carbohidratos no sólo son saludables, sino que son necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

La gran mentira sobre las grasas

En el caso de las grasas, aquellas que realmente nos engordan y enferman son las grasas “trans” (hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas), un tipo de grasas insaturadas que han sido procesadas para conservarse y venderse mejor, volviéndose tóxicas, y que encontramos en bollos, margarinas, pasteles, fritos, comida rápida y otros alimentos procesados, y que están relacionadas con el cáncer, enfermedades del corazón, diabetes tipo 2, sobrepeso, obesidad…

Tanto las grasas saturadas como las insaturadas las podemos encontrar en alimentos vegetales y animales. Ambos tipos de grasas, presentes de manera natural en los alimentos vegetales, son saludables y necesarias para mantener nuestra salud. De entre ellas, las que necesitamos ingerir porque nuestro organismo no las puede sintetizar por sí mismo son los ácidos grasos esenciales Omega-3 y Omega-6 (poliinsaturados), presentes en gran medida en frutos secos, semillas y aceites vegetales de primera presión en frio sin refinar ni calentar, ya que estos ácidos grasos se vuelven rancios al ser expuestos a la luz, al oxígeno y al calor, por lo que el pescado cocinado no es una fuente fiable de estos ácidos grasos.

Los ácidos grasos esenciales están relacionados con la prevención de enfermedades, y no sólo se ha demostrado que no nos engordan, sino que son capaces de ayudarnos en las dietas de reducción de peso. Por desgracia, estas industrias se han empeñado en extender la idea de que las grasas saturadas son las malas de la película y es habitual escuchar, incluso de supuestos expertos de la salud, que alimentos naturales llenos de sustancias beneficiosas y con demostrados efectos en la prevención de enfermedades, como son los frutos secos, los dátiles o el aceite de oliva, nos engordan por su alto contenido en grasas saturadas. Todo esto no son sino maneras de confundirnos, para evitar que peligren sus intereses y poder seguir vendiéndonos sus productos, aunque ello pueda tener repercusiones graves en nuestra salud.

Los carbohidratos

Por otra parte, al igual que pasa con las grasas, no todos los carbohidratos provocan los mismos efectos. Unos nos engordan y enferman, mientras que otros son beneficiosos y necesarios para mantener nuestra energía y vitalidad. Tal y como afirman los expertos, existen dos tipos de carbohidratos: Los simples o refinados y los complejos.

Los carbohidratos simples o refinados son los que encontramos en los productos procesados y refinados: azúcar blanco, harinas refinadas, arroz blanco, refrescos, bollería, tartas, pan blanco… Este tipo de carbohidratos son los que hacen que acumulemos grasa en diferentes zonas de nuestro cuerpo, y están relacionadas con enfermedades del corazón, cáncer, diabetes tipo 2, sobrepeso, obesidad, osteoporosis, problemas de articulaciones, agresividad…

Los carbohidratos complejos son los que nos dan energía de manera más dosificada y mantenida en el tiempo, y son los que contienen los alimentos vegetales como frutas, verduras, frutos secos, semillas, legumbres, cereales integrales (que no hayan sido modificados para aumentar su contenido en gluten como el trigo o el centeno)… Este tipo de hidratos de carbono no sólo no nos engordan, sino que nos ayudan a mantener nuestro peso saludable y nos aportan energía y salud.

Por todo esto, seguir dietas sin grasas o sin carbohidratos puede resultar muy perjudicial, y aunque puedan ser efectivas a corto plazo, en el medio y largo plazo nos pueden provocar serios problemas de salud y enfermedades, como ya lo han demostrado diferentes estudios.

¿De dónde provienen los consejos que recibimos?

En la actualidad, y desde hace algunos años, el mensaje que las industrias alimenticias han extendido es el siguiente:

“Lo que cuenta es la relación entre las calorías que entran y las que salen”, “hay que comer menos y moverse más”.

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Es decir, nuevamente echar balones fuera. Con estas campañas de marketing pretenden convencernos de que no son sus productos los que nos están engordando y enfermando, sino que es debido a que comemos mucho y nos movemos poco. Sin embargo son ya numerosos los expertos en alimentación y salud que defienden que no todas las calorías son iguales, y que no es cuestión de la cantidad de calorías que consumimos, sino de la calidad de éstas.

Si quieres mejorar tu salud y/o adelgazar, no comas menos, come diferente

La alimentación es una parte muy importante en nuestra vida, y para conseguir los resultados que la mayoría deseamos, como son una buena salud, buena forma física, un buen aspecto…una alimentación adecuada y unos hábitos saludables son fundamentales. De poco sirve machacar nuestro cuerpo con comida basura y “alimentos” que nos engordan y enferman, para luego seguir alguna de las populares dietas milagrosas durante algún tiempo, y volver más tarde a nuestros viejos hábitos de nuevo. Lo que sí es efectivo y funciona es llevar una alimentación y unos hábitos saludables de por vida, aunque eso, en nuestro tiempo y con las poderosas influencias de la industria alimentaria y farmacéutica, sea un camino lleno de obstáculos, diferente a lo habitual, y poco popular. Mucha gente cree que una alimentación saludable consiste en “comer de todo”, pero desgraciadamente, en nuestras sociedades “desarrolladas”, eso es de todo menos saludable.

Así que si tu deseo es adelgazar o simplemente mejorar tu salud, lo que yo he aprendido y me gustaría compartir contigo es que no se trata de comer menos, contar calorías o pasar hambre, sino de comer diferente.

  • Agosto 4, 2015
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